Cuando pensamos en lo que ofrecemos como seres humanos, como siluetas en el tiempo, como cuerpos en esta jungla de asfalto usualmente nos asalta la idea de esencialidad. ¿Cumplimos realmente con expectativas? ¿Propias? ¿De otros? ¿Es relevante para nuestra realidad, vivir en función de...?
Nos mostramos fuertes, débiles, cautelosos, arrojados, valientes al enfrentar las pruebas que se presentan todos los días, ¿pero en realidad estamos haciendo algo valioso? O solamente nos redimimos en excusas, divagamos, nos estrellamos contra el mundo, hacemos caso omiso de nuestro ser, nos perdemos en medio de bazofia, ira y sentencias inconclusas. Acusamos a otro cuando en realidad tenemos la culpa. Aquella que no deja dormir, esa que nos atormenta y nos carcome desde el abismo en que nos hemos zambullido, gustosos, inocentes, con placer.
Aprendizaje eterno.
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